
Sentado en
la mecedora, el abuelo se balancea con suavidad, acompañando al viento que lleva el olor del
café mañanero a toda la hacienda. Mira la colina donde
tiene la plantación y sonríe al ver
llegar a David, su nieto.
“¿Abu de dónde salió el
café?”
“De una leyenda.”
El
abuelo sienta a David en las piernas, lo besa y le muestra el horizonte: Dicen que el dios Xisqua
descubre un nuevo mundo de dioses y mortales al otro lado del mar. Envía un
ejército al mando de su amada Cafaee a esas tierras pero la embarcación pierde
el rumbo y una fuerte tempestad hace que naufraguen. Están desconsolados,
algunos mueren ahogados y con ellos muere el sueño de ver una nueva tierra. Una ola gigante los
arrastra hasta la playa y cansados duermen hasta llegar la noche, iluminando la luna unos ojos
listos para el ataque.
Recorren la playa en busca de
alimento, las colinas están cubiertas de una vegetación extraña para ellos,
temerosos prueban los frutos desconocidos y la alegría vuelve a los cansados cuerpos ante la
exquisitez del descubrimiento. Descansan cerca de una hoguera y escuchan
movimientos, un animal se acerca con sigilo atraído por la luz.
Los ojos de los náufragos se
clavan en la mirada del salvaje de
cabeza grande y alargada, patas cortas, caen sobre él con gritos de guerra.
Tienen hambre y es una oportunidad para calmarla. Entre la oscuridad se
escuchan chillidos más débiles, las
crías seguían el rastro de la madre. Todos se miran y dejan libre a la
madre y sus crías.
Luego de un largo camino
ven una fuente de agua que canta cuando
toca la tierra, incitando a los viajeros a beber de su música. Sedientos toman
de ella y danzan hasta la laguna,
guiados por las notas. Cafaee se zambulle, despertando el sueño de Chupcua dios
de la laguna. Con ira la toma como su prisionera, ella se defiende como una
guerrera pero él es más fuerte y hundiéndose en el fondo de la laguna la
convierte en su esposa.
Las ninfas le untan aceites y
la fragancia es llevada por la brisa
hasta el horizonte. La esposa del dios de la laguna no habla con nadie, no
escucha el viento, ni los cantos, la desesperación y amargura doblegan la
fortaleza de aquella guerrera. Xisqua al no tener noticias
de Cafaee parte con una nueva embarcación hacia al nuevo mundo, atraviesan el mar y se detienen frente a la
isla, desconfían de la noche y descansan hasta que el sol los despierta.
Cansados y hambrientos se
sientan a la orilla de la laguna. El descanso se estremece al ver agitarse con
furia la laguna. Una enorme cola azota
el agua, el viento y la lluvia le golpean el rostro a Xisqua, pequeñas piedras
filosas arrastradas desde la orilla lo
hieren, los pájaros de la laguna fieles a su dios vuelan, amenazando a
los visitantes. Chupcua se yergue entre
las aguas acompañado de Cafaee. La
laguna se desborda, Xisqua se ahoga por
momentos, el agua no es su medio para pelear,
logra salir al campo, allí se
mueve más rápido.
La lucha hace estremecer la
tierra, la laguna es un torbellino de
agua que desata una tormenta e inunda el campo.
La cólera da fuerzas a Xisqua,
la lucha sigue durante horas, no hay
vencido ni vencedor, Chupcua cede y entrega a su esposa pero la maldice -
Jamás podrás salir de esta tierra, tu alma vagará por siempre en la laguna -
Grita y se sumerge.
Xisqua mira a Cafaee, abre los brazos y pide a los
dioses le otorguen su deseo. La piel de
la hermosa guerrera empieza a tornarse oscura, brillante y sus ojos se cierran
para siempre, los dioses la convierten
en semilla, el joven dios la deposita en la tierra.
Llora sobre ella haciendo
brotar una planta con delicadas flores
blancas y frutos rojos, la besa y se
desprende una exquisita fragancia que invade
el nuevo mundo. Prefiere que el mundo
entero beba de ella y no dejarla con el coloso vagando en la laguna.
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