
Domingo por la mañana, Abelardo con la camiseta del equipo favorito escucha el partido de fútbol, se toma la pocholita mientras policha su amado escarabajo. Con un trapo, saca brillo de lo más escondido del autito, se siente orgulloso, está quedando como nuevo. El pulso se le acelera, ya no sonríe y un grito se escucha por todo el vecindario.
-¡Pauuuuuuuuuuula!
Abelardo está fuera de sí, vuelve a gritar.
- ¡Pauuuuuuula!
── Pa…¡No tuve la culpa!
el otro carro salió con mucha prisa del motel.
── ¿Motel? ¿Qué hacías en un motel?
── No pa, tenía un
parcial en la U ya iba tarde y tomé el atajo por la carretera de los moteles.
── ¿El otro carro no se
detuvo?
── No, al contrario,
aceleró y se perdió.
── ¿Quién manejaba?
── No sé, huyó.
── ¿Por qué no lo
seguiste?
── Pa, ya te dije, iba para un parcial.
── Pues con o sin parcial sin mesada tres meses hasta que pagues el daño.
── ¡Pero pa, no es justo!
── Pero claro que es
justo.
── Pa, en medio de la rabia y el susto que tenía, me aprendí el número de la placa.
Mantel blanco bordado, servilletas dobladas en forma de cisne, cubiertos de
plata, pequeñas orquídeas en cada puesto. Abuelos, hijos, tíos y primos reunidos
en el restaurante más cotizado de la ciudad. En el puesto principal hay un sobre con
boletos para un crucero, un estuche con un anillo de diamante, músicos, todo
planeado por don Carlos para celebrar su aniversario de bodas.
Paula y Abelardo viajan al mediodía de ese domingo por la zona de
restaurantes, la congestión los obliga a ir despacio, todo es un caos.
──¡El carro pa! ¡El carro! ¡Para! ese es, el azul que
está frente al restaurante, esa es la placa. - ¡El carro del
motel, es ese!
──Ya Paula, deja de gritar, ya lo vi.
Abelardo frunce el ceño, su escarabajo todavía tiene el rastro de la
pintura azul en el costado, respira, se detiene, baja del auto y
entra al restaurante.
Alrededor de la gran mesa, la familia de Don Carlos festeja.
── ¿Quién es el dueño del sedán azul que está en la
puerta? Pregunta Abelardo.
Don Carlos sentado en la cabecera de la mesa, mira con curiosidad a
Abelardo, levanta el vaso de whisky y se incorpora sonriendo.
── Es mío, dice con orgullo.
── ¿Podemos hablar un minuto? Pregunta un poco tímido Abelardo.
──Puede hablar con tranquilidad señor, no hay problema.
──Señor –
insiste Abelardo - Es mejor que hablemos afuera.
usted tranquilo, mi familia puede escuchar lo que tenga que decir.
── Señor – Vuelve
a insistir Abelardo. Es mejor los dos solos.
──Hable, hable que me está quitando tiempo.
──Ayer mi hija iba en mi carro, un Volkswagen, por la calle 50 vía de
los Almendros y salió su auto del motel Encuentros, tan rápido y sin
fijarse que chocó mi escarabajo.
La esposa de don Carlos se agacha sobre el
plato, Don Carlos con el ceño fruncido la mira, baja la cabeza y en voz baja le
dice:
── ¡Ayer te presté el auto!
MAREÑA, me entretuve en tus cuentos., tratarè de aprender. Gracias.
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